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Estudiar está en chino
Por: Juan Manuel Alvarado Meléndez
Plantel 13, Colegio de Bachilleres
Introducción
“Si tu objetivo es progresar un año, siembra trigo. Si tu objetivo es progresar diez años, siembra árboles. Si tu objetivo es progresar cien años, educa a tus hijos”.
Confucio.
Hace algunas semanas vi en una librería un ejemplar del libro “¡Basta de Historias!”, del escritor y periodista Andrés Oppenheimer, lo hojeé y me pareció sumamente interesante.
Cuando le pedí a mi mamá si me lo podía comprar, ella no cabía en su asombro: ¡su hijo quería leer un libro de más de 400 páginas! ¿Estaría enfermo?
Debo reconocer que no fue nada fácil iniciar la lectura, pero poco a poco me fui dando cuenta de la valiosa y gran cantidad de información que contiene el libro, la preocupación que comencé a sentir al leer cada una de sus páginas se sentía más aguda cuanto más avanzaba.
Las historias como la de un joven chino de último grado de secundaria, que estudia quince horas al día y que tenía como objetivo ingresar a una de las mejores universidades de Estados Unidos, me sorprendieron.
Así también leía que la mayoría de los países desarrollados, opinan que la educación es el principal mecanismo para el crecimiento y desarrollo de un país. China, Corea del Sur, India y Singapur, en muy corto tiempo han superado a muchos países europeos y latinoamericanos en el ámbito económico y social y todo gracias a la educación de sus pueblos.
Yo vivo en México y mi realidad es otra. En este trabajo presento una comparación de mi vida cotidiana y académica contra la de un joven llamado Kim (nombre que yo le asigné a este personaje), cuya historia paralela a la mía está fundamentada en la información del libro y que fui creando en mi mente durante la lectura del mismo. A partir de este trabajo, comienzo a ver mi futuro y mi presente de una manera muy distinta…
Desarrollo
Estudiando 15 horas diarias
Kim es un joven de clase media que tiene 17 años y cursa el quinto grado de secundaria en una escuela pública de China (también denominada en la mayoría de los países como educación media, y tiene como objetivo capacitar al alumno para proseguir estudios superiores; en México engloba la enseñanza secundaria y la enseñanza medio superior). Vive en la provincia de Shanxi, Taiyua, con sus padres y su abuelo paterno. El gobierno chino les ha prohibido a sus padres procrear más hijos, por lo que es hijo “único”.
Juan Manuel, o sea yo, soy un joven de clase media, tengo 16 años y curso el cuarto semestre del nivel medio superior (lo que en China equivale al quinto grado de secundaria), en una escuela pública. Vivo en el Distrito Federal con mis padres. El gobierno mexicano nunca les puso limitantes para procrear hijos, por lo que tengo una pequeña hermana de once años y obviamente, no soy hijo “único”.
Todos los días me levanto a las seis y diez de la mañana, desayuno y mis padres me llevan a la escuela pública donde inicio mis actividades a las siete en punto. Curso cuatro materias al día, entre ellas inglés, y para la una del día ya estoy fuera del plantel. Me dirijo a una escuela de estudios superiores cercana (universidad), donde hay un centro de idiomas, para tomar clases de inglés. Mi clase es de dos horas diarias, de tres a cinco de la tarde y estoy nuevamente en mi casa a las seis.
A partir de esta hora, hago mi tarea de la escuela y del curso de inglés; al terminar veo la televisión por dos horas o más (si mis padres me dejan), me baño y me duermo aproximadamente a las diez treinta de la noche. Los fines de semana ayudo a mis padres en el negocio familiar, hago tareas y veo televisión y juegos de video.
Kim se despierta a las seis de la mañana y su padre lo lleva a la escuela pública, allí estudia de las siete hasta las cuatro de la tarde, tiene la materia de inglés y toma matemáticas y ciencias también en idioma inglés. Posteriormente tiene una hora de “estudios dirigidos” donde hace la tarea para el día siguiente bajo la supervisión de un maestro. A las cinco va a buscarlo su abuelo, y tres veces por semana lo lleva a una escuela privada donde entra a las seis de la tarde para perfeccionarse en inglés y matemáticas. El abuelo se queda con él en el aula en las últimas filas, junto a otros abuelos y padres que supervisan el progreso de sus hijos y nietos. Después su abuelo lo lleva de regreso a casa y cena con sus padres. Posteriormente termina de hacer los deberes escolares para el día siguiente. Sólo le permiten ver treinta minutos de televisión por día antes de dormir. Los fines de semana, además de estudiar, hace deporte y tiene actividades culturales.
¡Qué gran sacrificio!, pensé, pero no es así: Kim (como la mayoría de los jóvenes asiáticos) “ha sido criado con el convencimiento de que sacarse buenas notas en la escuela será fundamental para conseguir un buen trabajo y vivir bien. Y sus padres y sus abuelos están convencidos de que la mejor inversión que pueden hacer es dedicar no sólo su dinero, sino también tiempo a su educación”.
En China la cultura educativa es fundamental y milenaria: todas las familias (los abuelos junto con los padres), ahorran para que un niño pueda estudiar en las mejores universidades, y pueda conseguir un buen empleo (Oppenheimer 2010:170).
Mis padres me mantuvieron en escuelas privadas hasta el tercer año de secundaria y posteriormente concursé para ingresar a una escuela pública. El sacrificio económico que implica una escuela privada en México era excesivo para las finanzas familiares, por lo que debía ingresar a la escuela pública para que mi hermana menor tuviera oportunidad de cursar su educación básica en escuela privada. Ninguno de mis abuelos ahorró conjuntamente con mis padres para nuestra educación y mucho menos mis padres tienen una cuenta bancaria con un fideicomiso para mi futuro universitario.
Pensando un poco en el futuro: el examen de ingreso a la universidad
Falta aproximadamente un año para que Kim y yo presentemos el examen para ingresar a la universidad.
Seguramente mis padres realizarán un nuevo esfuerzo económico y me enviarán a un curso de preparación para el examen de ingreso a las tres de las mejores universidades públicas de la ciudad y del país: la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Su costo fluctuará entre los cuatro mil y ocho mil pesos, será impartido por alguna empresa privada (algunas de dudosa procedencia) y no garantiza mi aceptación en estas universidades.
El curso de preparación durará aproximadamente seis meses, de enero a junio, pero sólo será sabatino. Se tendrá que adquirir una guía que las mismas universidades editan para su resolución durante el curso y la aplicación del examen; estudiaré de las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde en cada sesión. El curso y el examen no incluyen el idioma inglés.
Habrá miles de aspirantes y el examen será aplicado por cada universidad. La sede del examen es generalmente en las instalaciones de las mismas instituciones educativas. No cierran las calles que tienen acceso a éstas y su duración es de cuatro horas aproximadamente.
Los nervios no me dejarán dormir la noche anterior y mis padres me esperarán afuera diciendo oraciones por mí.
Según la Secretaría de Educación Pública (2010), cada año presentan más de 300 mil estudiantes el examen para ingresar a estas universidades y sólo el 25% lo logra.
Sin embargo, los alumnos que provienen de educación vocacional con buenos “promedios”, tienen su “lugar asegurado” en las escuelas superiores del IPN así como los que egresan de las escuelas preparatorias tienen un lugar en alguna Facultad de la UNAM. No existe un sistema de meritocracia efectiva, es decir una selección de acuerdo a los méritos académicos más elevados, que ayude a elegir a los mejores alumnos para ingresar a la educación universitaria. Tendré que esforzarme considerablemente para “merecerme” un lugar en estas universidades según sus estándares.
Kim deberá prepararse para el “Gaokao”, “el gran examen” único de ingreso a la universidad aplicado por el gobierno chino. Su preparación no durará seis meses como el mío: él comenzó desde hace seis años (toda su enseñanza media). Deberá competir con diez millones de estudiantes chinos con el mismo propósito: conseguir un lugar en una de las mejores universidades del país.
Su examen lo presentará en el mes de junio y tiene tres días de duración. Las ciudades se paralizan: se bloquean varias cuadras a la redonda de los edificios en donde se presentará el examen. Para evitar el ruido, no hay actividad de construcción, las patrullas no pueden utilizar sus sirenas, los autos sus bocinas, es más, se prohíbe el tránsito aéreo en esa zona. Los alumnos duermen en la sede. Los padres comienzan sus oraciones cien días antes del examen.
La meritocracia en China, de acuerdo con Oppenheimer (2010), da origen a una competencia feroz: como sólo un 60% de los estudiantes son admitidos en la universidad después de presentar el examen, y de éstos sólo un pequeño porcentaje va a las mejores universidades (20%), como la universidad de Beijing, que prácticamente garantiza buenos empleos, el resto debe conformarse con ser aceptado en universidades de provincia (40%), o escuelas privadas municipales (40%).
Las mejores universidades del mundo
En el Suplemento de Educación Superior del Times de Londres (2010), donde se muestran los rankings internacionales de las mejores 200 universidades del mundo, se encuentra encabezando la Universidad de Harvard. Las universidades chinas se encuentran en Jiaotong, en Shanghai, y Tsinghua en Pekín. En estas listas sólo aparece una universidad latinoamericana en el número 190 y es la UNAM…
Si Kim es parte de ese 20% que podrá acceder a las mejores universidades estatales, su educación universitaria no será gratuita. Las universidades estatales cobran altas colegiaturas a sus alumnos, recaudando así millones de dólares que luego utilizan para contratar a los mejores profesores nacionales y extranjeros, comprar equipos y becar a aquéllos alumnos de bajos recursos que si bien tuvieron el nivel académico para ingresar a una excelente universidad, no tienen el nivel económico para sostenerse en ella.
Kim podrá acceder a una universidad china en dos categorías:
-La que cuenta con programas conjuntos con universidades extranjeras (que son casi 170), que le pueden otorgar un título válido en China y en gran parte de los países desarrollados y,
-Si así lo quieren Kim y su familia, puede acceder a universidades americanas con sucursales en China (hay más de 10).
El estado chino invierte menos presupuesto (derivado de los impuestos de los contribuyentes) en sus universidades, los mismos estudiantes financian los programas de estudio. Para Kim no hay problema: él y su familia están preparados económicamente para esto.
Si yo paso el examen de la universidad (que espero que así sea), tendré acceso a tres universidades estatales casi gratuitas:
-La UNAM (2011), que me cobra una colegiatura anual voluntaria de $0.15 centavos y tiene sólo convenios de posgrados conjuntos con once universidades extranjeras: EU, Perú, España, Alemania, Cuba, Canadá, Uruguay, Holanda, Argentina, Colombia y Francia, de las cuales, ninguna está en el ranking internacional.
-El IPN (2011), cuya colegiatura también es voluntaria y asciende a $150 pesos aproximadamente por semestre y mantiene convenios de posgrados con Alemania, Bélgica, Argentina, Canadá, China, Italia, Francia, Japón, Rusia y España entre otros, y que tampoco se encuentran en el ranking internacional.
-La UAM (2011), tiene una colegiatura por trimestre de $128.43 pesos, también tiene sus propios convenios y en los cuales no hay relación con Estados Unidos, únicamente con Argentina, España y Noruega.
Si no puedo acceder a ninguna de estas universidades públicas, mi familia se verá en problemas: tendrá que hacer otro “sacrificio económico” para mantenerme en una universidad privada de mediana calidad académica. Mi familia no cuenta con un fideicomiso para mi educación universitaria y mis abuelos no creo que quieran ni puedan intervenir ni invertir en este asunto. Seguramente mi hermana menor no podrá seguir sus estudios de primaria en una escuela privada para poder financiar la mía. Más vale que obtenga un lugar en la universidad pública.
Existe universidades privadas nacionales como el ITESM (TEC de Monterrey), el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), la Universidad Panamericana, entre otras, que serán poco accesibles para mí por sus altas colegiaturas: “una licenciatura puede significar un gasto de entre 35 mil y 80 mil pesos al semestre (…) con seguros y gastos administrativos incluidos, sin tomar en cuenta los costos de libros, útiles, talleres extraescolares y cursos remediales” (Navarrete, 2011:58). Definitivamente, no están en el presupuesto familiar.
Los mejores trabajos del mundo
Quiero estudiar una carrera en el área de Ciencias Sociales. Le huyo a todo lo que tenga que ver con matemáticas, física, química o biología. Quizá una licenciatura en Administración no estará nada mal. Aún no decido, falta todavía un año, hay tiempo…
Según Oppenheimer (2010:18), “en la UNAM hay unos mil estudiantes de historia, tres veces más que los de ciencias de la computación. Anualmente se gradúan de la UNAM unos 188 licenciados en Historia, 59 en Ciencias de la Computación y 29 en Ingeniería Petrolera. O sea que los contribuyentes mexicanos están pagando los estudios de más jóvenes dedicados a estudiar el pasado que a cursar muchas de las carreras que incentivan las innovaciones del futuro”.
Kim ya ha elegido qué estudiar: ingeniería molecular. Kim sabe –y también el gobierno- que las mejores empresas empleadoras, nacionales e internacionales, están volteando sus ojos hacia Asia, hacia la ciencia y la tecnología, hacia el futuro…
“Todos los años en las universidades chinas ingresan casi un millón 204 mil estudiantes de ingeniería, contra 16 mil 300 de historia y mil 520 de filosofía. Los países asiáticos están privilegiando los estudios de ingeniería y las ciencias, limitando el acceso a las facultades de humanidades a los alumnos que obtienen las mejores calificaciones para entrar a las mismas” (Oppenheimer, 2010:18).
Kim, si mantiene sus excelentes calificaciones en la universidad y estudia ingeniería molecular en algún programa conjunto con universidades americanas, será reclutado por una empresa de clase mundial (nacional o extranjera), en su tercer año de universidad. Obtendrá un título universitario internacional, aceptado en China y en muchos países más: podrá acceder a un excelente empleo –y remuneración, claro- dentro o fuera de su país inmediatamente después de su graduación. El requisito de experiencia mínima para ocupar un puesto, estará rebasado por el número de investigaciones, de patentes y/o prototipos desarrollados por Kim como estudiante y sus estancias de verano en la empresa que lo eligió.
Yo, si mantengo excelentes calificaciones en la universidad y estudios en administración de empresas tendré que complementar mi formación académica con cursos extracurriculares de idiomas (como lo estoy haciendo desde ahora), de computación y otros que sean necesarios, además de obtener mi título lo más pronto posible, para tener el currículum académico mínimo solicitado por las empresas transnacionales y nacionales, que estarán seguramente “en la Feria del Empleo de la Ciudad de México y así competir con las más de siete mil personas que anualmente asisten y de las cuales sólo menos de mil 500 consiguen trabajo”(Rivera, 2011:86). El requisito de experiencia mínima que generalmente solicitan, si todo va bien, lo podré “solventar” trabajando en empleos de poca monta en el transcurso de la carrera o con la Ley del Primer Empleo que el poder legislativo mexicano está a punto de aprobar y que impondrá a todas las empresas, para evitar la discriminación en la contratación de los recién egresados universitarios. Mi primer sueldo no creo que supere, ni siquiera iguale o se acerque al de Kim.
Si compitiera contra Kim por el mismo puesto, estaría en chino ganarle…
Conclusiones
Pobreza en México y en China. Según el Banco Mundial (Aguilar, 2010), más de 500 millones de personas en China salieron de la pobreza extrema en 30 años, eso representa casi el 50% de su población, todo gracias a su crecimiento económico que tiene una línea directa con la educación. En México se sumaron en el último sexenio poco más del 40% de mexicanos a la pobreza extrema.
China, en los primeros lugares. Espero que Kim salga vivo de esto. Si bien China ha comenzado a cosechar su apuesta en la educación, consiguiendo los primeros lugares a nivel mundial en economía, educación, innovación y desarrollo tecnológico, también está en el ranking internacional, en los primeros lugares –junto con otros países asiáticos- de suicidios juveniles en vísperas de los exámenes de admisión universitarios y posteriores a éstos, así como por empleos no conseguidos. Igualmente, el uso de castigos corporales en las escuelas para fomentar el aprovechamiento a nivel básico aumenta el estrés en los estudiantes, lo cual mina su calidad de vida. Todo tiene su costo y éste, creo que es muy alto.
Una cultura de la educación. Mi familia, al igual que la de Kim, pone el mayor esfuerzo para que mi educación sea la mejor, sólo que en la familia de Kim lo vienen haciendo por generaciones y tienen el apoyo del gobierno (cultura). La mía, por su parte, ha comenzado a vislumbrar en esta generación la importancia que tiene la educación en nuestras vidas: mi madre, con estudios universitarios inconclusos, ha decidido después de casi 25 años, regresar a la universidad a titularse. Tiene 48 años y desea mejores oportunidades de empleo y de calidad de vida, no sólo para ella, sino para toda la familia.
Mi abuelo materno les decía a sus hijos que la educación era la única herencia que podía dejarles, por la cual no habría pleitos legales ni devaluaciones ni nadie podía despojarlos de ella. ¡Qué razón tenía!
Por lo que a mí toca, hoy más que nunca debo luchar por una nueva generación implicada en la educación para el mejoramiento del individuo, de la familia, la sociedad y del país en general. No esperaré a que mí querido México despierte de este gran letargo y rezago educativo. Mis hijos deberán tener más y mejores oportunidades de educación y empleo, y para eso debo comenzar a trabajar hoy: cada pensamiento, cada acción personal, está forjando mi presente y mi futuro. Soy responsable de cada experiencia buena o mala en mi vida. Tal vez ya no estudie administración de empresas…
Tengo un año para prepararme y de mi depende, al igual que Kim, poder ser un ciudadano de clase mundial.
Muchas felicidades al ganador del Primer Lugar del Premio Opina 2010!
Marcos Iván Duarte Carrasco
Colegio de Bachilleres Plantel 5, Satélite
EL ÚLTIMO ALIENTO DE LA NACIÓN
Los problemas cotidianos que sufre la población del México actual son como dice la voz popular: "es la misma canción todos los días". Y es que el conflicto en su mayor parte se origina desde los aspectos políticos. Esa ha sido la razón y a la vez mi inspiración para realizar un ensayo que afronte el problema, pero aclaro que no pretendo caer en el error de hacer una manifestación carente de bases objetivas como se ha acostumbrado en las críticas del mismo tema a las que falta, además, proponer soluciones más concretas, posibles y menos radicales que no excluyan opiniones que son igualmente válidas. Los errores de los gobiernos pasados se siguen cometiendo en la actualidad y con aspectos tan repetitivos que han desgastado la forma en que los ciudadanos ven la política actual, principalmente en la forma de gobernar, cayendo de uno malo a uno peor. De seguir este rumbo, el próximo discurso del candidato a la presidencia de la República Mexicana sería el siguiente:
"Si yo fuera presidente de los Estados Unidos Mexicanos seguiría la misma línea que se ha tenido en la historia desde que México se hizo independiente; inventaría ridículos e innecesarios impuestos pues costaría mucho trabajo y tiempo hacer una reforma que renueve la economía mexicana, pues es cierto que si esto fuera fácil (o prioridad) ya sería un hecho desde hace algunas décadas; gastaría mis esfuerzos para idearme una forma para quedarme en la presidencia por al menos treinta años, permitiendo de esta manera que las decisiones que se tomen sean unánimes, olvidemos lo equitativo, así nos ahorramos las energías que se requieren para pensar cómo solucionar los problemas de este país, y es que muchas ideas pueden confundir; si es posible, vendería otra porción del territorio para saldar una deuda, al fin hay mucho espacio que no se ha habitado; tomaría tierras en mi poder para repartirlas en un "reparto justo y equitativo", no importa si los campesinos no están de acuerdo, siempre se les contenta con algo.
Y como es de suponerse, la mayor parte de las Cámaras de Diputados y Senadores estarían conformadas por simpatizantes míos, esto facilitaría mucho mi control sobre las decisiones que se tomen en el país, de cualquier manera no iban a estar de acuerdo conmigo; si llegara algún extranjero con la intención de tomarnos como parte de su imperio, me prepararía no solo contra él, también contra sus seguidores en el país, los entiendo de cierto modo, siempre hay conmoción cuando llegan visitas de tierras lejanas; gastaría en alguno que otro lujo, me inventaría una imagen moderna para el país para cubrir un poco de la mala cara que tiene.
Pero debo atender a la gente, así que en mi plan para cumplir con mi labor está la seguridad ciudadana, por eso hay que perseguir a los delincuentes, se perderán vidas, y aunque no se pueda remediar, se les considerará héroes de la patria, al menos hasta que el criminal salga de la cárcel de nuevo a "sus quehaceres"; y si algún pensador (quizás estudiantes) traten de decir que se está atentando contra los derechos de los ciudadanos simplemente se les silenciará, sé hacer mi trabajo, pero como son insistentes, se tomarán medidas dolorosas, claro, para ellos; no está de más decir que probablemente el país se vea adentrado en una crisis económica, así que se tendría que pedir dinero, la deuda… luego la pagamos; y finalmente, como fondo de retiro me llevaría al bolsillo mi paga con un bono adicional que tomaré de los fondos que genera el país (o vendiendo empresas públicas) y con eso comprarme alguna casa lujosa o ¿por qué no?, una isla en el Caribe, es un regalo bien merecido.
Además, si ya lo hicieron otros. ¿Por qué no he de hacerlo yo, no?".
Claro que todo lo anterior es una mala broma, pero desafortunadamente no causa ninguna gracia: no está tan lejana de la realidad. El papel de Presidente de la República se ha convertido en una constate en el mal gobierno, no necesariamente porque existan tabúes de que ser ambicioso y corrupto sea un requisito necesario. Hemos tenido buenos gobernantes, inteligentes, capaces y astutos. Tenemos un excelente ejemplo con Lázaro Cárdenas del Río del que sólo basta mencionar la expropiación petrolera y su atención al sector agrario, o nuestro Benemérito de las Américas, Don Benito Pablo Juárez García que dio un giro a la política de México a lo largo de su gobierno con las Leyes de Reforma. Pero a la mayoría les ha faltado verdadero interés por los problemas que se vivieron y se siguen viviendo. Es un terrible error y un atentado contra la vida misma y el progreso de la nación creer que un país tan rico como el nuestro sólo pueda servir de mano de obra barata y de sustento económico a la inversión extranjera.
Este país lleno de posibilidades tiene el poder de salir adelante como potencia y, por lo tanto, la capacidad de demostrar que lo único que se necesita es un poco de empeño. Tristemente la imagen de presidente se ha estado denigrando sobre todo en las últimas décadas del siglo, haciendo ver que la política mexicana está pasando por una severa crisis en la que nadie actúa por realizar cambios significativos. Son estos cambios por los que se debe iniciar; no es posible hacer funcionar correctamente a un país usando solamente convencionalismos partidarios o individualistas. Se tiene que crear la conciencia de que el país está en un punto donde la riqueza es grande, pero lo que carece es la voluntad de querer sobreponerse más allá del egocentrismo que padecemos y que la forma de resolverlo es vernos a nosotros mismos como una nación, como una unidad en la que el puesto más alto depende del más bajo, así como una gran empresa no puede crecer sin la unidad y el esfuerzo de sus trabajadores y a su vez estos últimos dependen del más alto puesto en ella, y si ambos lados no prosperan de esta manera caen en la pobreza. Hay que entender que la sociedad mexicana debe jugarse el esfuerzo como una pirinola de "todos ponen" y no una de "toma todo". Vivimos en un ambiente contagioso de injusticia donde la carga pesada la lleva el de espalda más débil y cansada, y donde no se permiten recesos ni se ofrece ayuda para quien las carga.
Se ha hecho la pregunta: ¿Qué harías si fueras presidente? Y lo que la mayoría contesta es tan trillado que se ha olvidado la intención de la pregunta: "quitaría a los corruptos y ayudaría a los pobres", "metería a la cárcel a toda la gente mala para que no haga más daño", "alentaría a la juventud de México a que se superen en la educación", "crearía más hospitales", "construiría más carreteras y puentes", "generaría más empleos", "escucharía la opinión del pueblo, la voz que nadie escucha"… ¿No les parece familiar? Es lo que la mayoría de la gente dice cuando se les pregunta, curiosamente así son también la mayoría de las propuestas que hacen los candidatos por la presidencia. Hay actualmente una saturación de los discursos de estos candidatos que la gente que los escucha ya espera lo que se va a decir en ellos, no se interesa o simplemente lo toman a mal o como algo sin sentido. No es extraño que al momento de aparecer televisados lo único que se logre motivar es apagar el televisor y que se comente: "van a decir lo mismo que la vez pasada, y nunca cumplen". Aquí es donde se empiezan a perder la credibilidad por quien nos dirige y el interés hacia quien es dirigido: empieza a partirse la unidad nacional. ¿O será que el déficit en la resolución de estos asuntos era tal que desde hace tantos sexenios no se logró resolver? ¿Es por esa razón que se sigue proponiendo lo mismo una y otra vez?
Esto es un problema más grave de lo que parece ser: hay personas que piensan cambiar al país pero no tratan de cambiarse a sí mismos y pese a que su intención suene generosa no es el tipo de líder que se necesita para llevarnos por el camino correcto. Antes de pensar en solucionar asuntos que ya son prioridad independientemente de la situación del país, debemos hacer una evaluación de lo que está pasando en él y buscar las soluciones alternativas a aspectos más concretos como el desarrollo industrial, la resolución de las zonas marginadas, atender el problema de la inseguridad desde el sistema penal, un ajuste a los impuestos paralelo al de los salarios, una educación garantizada y que además cumpla con un alto nivel académico y los demás casos que se tienen que atender con urgencia.
Ser presidente no significa sólo tener el poder para hacer y deshacer, más allá de ser una responsabilidad es un compromiso, y más allá de ser un compromiso es una deuda que el gobierno en general tiene con la sociedad mexicana. De nada sirve pensar que hace cien y doscientos años se dieron vidas para crear un país próspero y ante todo libre, cuando lo que ahora se hace es formar una nueva tiranía en la que gran parte de la sociedad está de acuerdo, la ignora o es silenciada. Volvemos a hundirnos en un pueblo en el que impera la complicidad silenciosa de todos: somos el mismo criminal contra sí mismo que al final terminará suicidándose si no se da cuenta de sus errores. El mal común se ve a diario con las calles tapizadas de propaganda política y mercantil, y la gente se ha vuelto menos crítica, incluso ha caído en el fanatismo de toda índole. No se eligen a nuestros representantes cuestionándonos y tratando de explicar el por qué deben o tienen derecho a ser elegidos y lo que vence es una elección por populismo y no por propuestas realistas y garantías, pero lo peor es cuando las poderosas minorías tratan de cambiar la elección de las mayorías, desafortunadamente, con los mismos principios. Esto fue un claro ejemplo en las últimas elecciones presidenciales.
Puedo mencionar que se ha reconocido que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es una de las mejores a nivel mundial. Entonces, ¿qué es lo que está pasando? Aristóteles mencionaba que las tres mejores formas de gobierno eran la monarquía, dada por un rey, la aristocracia, formada por un conjunto de personas con virtudes intelectuales y morales, y la república o democracia representativa donde el pueblo representado por un individuo era el que gobernaba. Este sistema es aplicado actualmente en México y tomando las tres partes conforman los principios del Estado mexicano. En esta teoría aristotélica se manifiestan sus contrapartes, las malas formas de gobierno: la tiranía, la oligarquía y la demagogia, que básicamente tienen el mismo carácter, aunque corrompido. Honestamente, ¿cuál es la que rige al país? Yo opino al igual que muchos que la política en México es algo de que avergonzarse aunque a lo que se refieren es que los servidores públicos no cumplen con sus labores. En particular me refiero a que nos involucra a todos pero no somos todos los que quieren participar en las decisiones importantes, además, la última forma de gobierno, en la que gobierna el pueblo, también puede caer en la corrupción. Es cierto que el trabajo del gobierno es procurarnos el bien, mas no podemos sentarnos a esperar a que se cumplan nuestros deseos, para eso existen la participación ciudadana, la libre expresión y, principalmente, la libre elección.
La degradación de la manera correcta de gobernar sucede no por un mal sistema político sino por la corrupción de este, por el mal desempeño de sus funcionarios tanto en las decisiones que toman como en la ejecución de las mismas. Además tampoco es correcto que los pobladores no hagan algo al respecto o quieran "echarle la bolita" al presidente o a cualquier otro servidor público por las fallas que se presenten cuando es el pueblo quien los elige. Mucho menos es correcto provocar más problemas como los que se causan cada vez que se convocan marchas exigiendo ser escuchados, simplemente no solucionan nada. No tenemos las manos atadas, lo han demostrado generaciones anteriores a nosotros y en situaciones mucho más graves, lo único que hace falta es que uno tenga la voluntad de alzar la voz, también de saber alzarla y quien le entienda lo apoye: la unidad es el inicio para un crecimiento común. Ya sería una mala costumbre de los mexicanos hacer una guerra cada cien años si este año 2010 empezara así únicamente porque no nos ideamos maneras más eficientes de solucionar nuestras dificultades.
Yo no voy a ponerme a pensar que es lo que haría si fuera presidente sin pensar antes en lo que estoy haciendo como ciudadano. ¿Están bien mis acciones? ¿Son correctas las decisiones que tomo? ¿Me he estado superando para bien propio y de la sociedad? ¿Cuál es mi papel en México y qué papel quiero tener? No basta con saber de ciencias sociales cuando lo que realmente hace falta es conocer los malestares generales.
Los errores que en un pasado se cometieron ya nos dejaron una enseñanza de cómo pueden culminar, y si no es suficiente perder más de la mitad del territorio, endeudar al país o hacer que la educación en México sea una de las peores a nivel mundial, la siguiente consecuencia podrá ser el final trágico del país o tenemos la opción de que todos los sectores de la población se den un respiro, mediten un poco este presente y actúen de acuerdo a él. México es un país donde la gente es trabajadora y con sentido agudo en el esfuerzo, con paciencia y de corazón combativo ante las adversidades. Pero no es necesario vernos a la orilla del acantilado para actuar. Yo opino que el lado positivo y productivo de esto es que si se ama a la patria con verdadero amor, ella misma será quien nos recompensará con al menos una lección. Es por esa razón que los errores de un pasado intencionados o no son, al menos, una enseñanza para no cometer una doble equivocación. El futuro es desconocido, pero tenemos a la mano el presente que es de todos. Si no aprendemos a remediar nuestros conflictos, ¿qué será del legado hermoso de nuestros héroes y de la libertad por la que cambiaron sus vidas? Esta es una nueva lucha que pelear y en la que la mejor arma es querer mejorar la nación que nos pertenece, nuestro hogar. ¡No desperdiciemos estos regalos únicos siendo, por lo menos, la generación que aprovecho y luchó con el último aliento de la nación!
Fuegos fatuos
Alan Guerrero de Bernardo
Ganador Premio Opina 2009
Si llegan a leer esto, no me crean, son mentiras, mentiras que acaso pugnan por convertirse en verdades o peor aún, verdades que pugnan por convertirse en mentiras para no ser vituperadas por la realidad. Y bajo esos cánones es como de mi puño y letra formo frases que matan, destrozan, repugnan pero que a su vez, dan sin querer, un aliento de esperanza a aquéllos, quienes como yo, han vagado en este inframundo terrenal.
Nací un 11 de septiembre de 1990 de un matrimonio consumado a los dos años de mi nacimiento, crecí al lado de mi mamá y mi hermano cuatro años mayor que yo… creo, todo empieza en el kínder con un sentimiento no muy claro hasta ese momento, disfrazado con risas, bromas, chistes propios de un niño a la edad de cinco años, recordando cómo ingenuamente sentía ese sentimiento extraño hacia personas de mi mismo sexo, en esa etapa de mi vida las cosas no serían claras, y para mi mala suerte no lo serían por un buen tiempo. Sintiéndome confundido con mis sentimientos de no saber cómo controlar lo que sentía, llegó una experiencia a mi vida que hizo más confusa mi existencia en este mundo, una transgresión a mi cuerpo o como más comúnmente es llamado, una “violación”, pero más que una violación a mi cuerpo, fue a mi alma, esas heridas son las más difíciles de curar, sin duda fue algo que me marcó, creo que fue difícil comprender para mí ya que fue alguien muy cercano a la familia de parte de mi padre, y aún más difícil ya que nunca comenté a nadie el hecho que me marcaría por el resto de mi vida, desde ese momento hubiera parecido como si me hubiera casado con la tristeza y que mi amante fuera la soledad.
Caminando en este mundo, muerto por dentro, entré a la pubertad (una etapa de cambios continuos, no sólo físicos sino mentales), inmerso en mares de tristeza me fui desviando hacia un camino de promiscuidad. A mis doce años tuve mi primer encuentro consensual con un amigo de secundaria, haciéndolo sólo por mera calentura (placer sexual), comprendí que en mi vida tendría una preferencia sexual diferente a la de la mayoría de la gente; con esto no quiero que piensen que cuando mi vida se desvió a la depravación fue por el hecho de ser gay, sino por cómo llevaría mi vida sexual de esa etapa de mi vida en adelante…
Después de mi amigo vendrían a mi vida muchos más hombres, pero sólo de paso, era como pensar que mi cuerpo (mi templo) fuera como un motel, sólo de entrada por salida, conocía a estos hombres en fiestas, en reuniones, en la calle, en el metro, o páginas en internet; fue así como mi vida se fue involucrando sutilmente en un mundo en el cual el sexo sin límites fuera como una ley divina. Al principio pensé que tener sexo sin control era divertido y que lo hacía para tener una satisfacción sexual, pero después, conforme pasaba el tiempo y los hombres en mi vida, me daba cuenta que al entregarme a los placeres carnales, quería encontrar respuestas a mis interrogantes, llenar un vacío que nunca llené ni llenaría. Me volví ninfómano. Recuerdo aquéllas veces en las cuales conocía a los hombres en la calle o en vagones traseros del metro, ellos sólo tenían que darme una señal física con la que ellos demostraban a su vez que querían tener sexo; y generalmente esa señal era tocarse su miembro erecto sobre la ropa que llevaran puesta. Llegué a un punto en el cual no me llegaba a importar con quién, cómo, cuándo y en dónde lo hiciera, el chiste de esto era tener sexo, sólo eso. Hubo ocasiones en las cuales me levantaba a media noche con un deseo incontrolable de copular y salir a la calle sin importarme los riesgos inminentes que había, hubo y habrá en la misma. Yo no buscaba a una persona, buscaba un pene y lo peor de todo es que siempre, de una u otra forma lo encontraba. Quizá era cuestión de tiempo para que mi cuerpo y mi culo se volvieran de alquiler. Al final de cada acto sexual siempre me sentía igual o peor de cuando empecé, con un vacío en mi interior y tal vez es ilógico pensar cómo podemos sentirnos más vacíos en el vacío, pues así yo.
Hay veces en la vida del ser humano en las cuales se siente que se ha tocado fondo. Recuerdo con tristeza una de tantas ocasiones en la cual conocí a uno de los tantos hombres que estuvieron de paso por mi vida. Hombre caucásico, complexión media, 35 años, ingeniero civil, esposo y padre de dos hijas. Lo conocí un día de tantos que caminaba por la calle; lo vi adentro de su coche, él me miró, escrutándome con su mirada de pies a cabeza; por mi parte, yo lo miraba con una mirada de deseo, mordiéndome los labios con un cierto coqueteo; por fin sin más ni más, hizo una señal con su mano con la cual me invitaba a subir al coche; arrancamos, fuimos directo a un motel. Durante el trayecto me contó sobre su vida, bueno las pocas cosas que ya he comentado anteriormente; al entrar al cuarto del motel el ambiente era frío, mi respiración apresurada a pesar de que ya lo había hecho anteriormente, parecía como si fuera mi primera vez; era como si mi yo interior se dividiera en dos, una parte de mi me pedía a gritos
desesperados hacerle una felación a aquel hombre desnudo en la cama, pero otra, muy dentro de mí, casi como un murmullo, me imploraba detenerme en el acto y salir corriendo de ese lugar donde en la atmósfera sólo se respiraba un olor casi imperceptible de (fuegos fatuos), un olor a podredumbre; quizá mi subconsciente me hacía oler, pensar y ver cosas que no existían. Al final del acto sexual él me observó con una mirada fija, como si fuera un objeto inerte en la cama y sólo se limitó a decirme cuánto era por mis servicios; fue ése, uno de los momentos de mi vida en los que sentí tocar fondo, me encerré en el baño del motel, me miré al espejo y lo encontré vacío, una gota de conciencia había caído en mi alma, pero era como si fuera un títere de mis pesadillas, no tenía voluntad propia y es ahí cuando te das cuenta que una parte de tu alma ha muerto.
Así como ésta, hay muchas historias de las cuales en el presente sólo me queda el recuerdo y algo más que sólo eso.
Buscando consciente e inconscientemente algo que me detuviera, para ya no seguir haciéndome daño a mí mismo, un freno que detuviera al monstruo que habitaba en mí, rogaba a dios morirme, creo que nunca tuve el valor para suicidarme, aún entre mis sueños rotos y los escombros de mi alma, sé que todavía había un poquito de aquél Alan que sonreía y que añoraba un mañana. Mis suplicas fueron escuchadas y fue esta una nueva etapa en la que mi vida dio por completo un giro de trescientos sesenta grados.
La vida seguía y yo caminaba como un fantasma en este valle de sombras. El 14 de mayo del 2008 fui diagnosticado como portador de VIH (síndrome de inmunodeficiencia adquirida). Ese se podría decir que fue el día en que volví a nacer, por alguna extraña razón que ni yo mismo logro descifrar, esta noticia le dio una paz interior a mi ser, ya me esperaba ese resultado, lo que no esperaba era la reacción de mi familia ante tal noticia.
Caí en cama por la baja de defensas que tenía en mi cuerpo, mi carga viral estaba por debajo de los 80 y una persona saludable se encuentra normalmente arriba de los 200. Empecé a adelgazar sin medida, me agotaba con cualquier esfuerzo, mi piel se resecaba. Ya para ese entonces mi mirada había perdido por completo su brillo y cualquier signo de esperanza, era como si mi cuerpo se estuviera marchitando. Había llegado la hora de enfrentar a mi familia y de esperar lo que viniera. Para mi sorpresa, mi familia fue un pilar en esta etapa de mi vida, ya que al saber de mi enfermedad, me apoyó incondicionalmente sin prejuicios. Mi mamá estuvo ahí en aquéllos momentos en los cuales creí estar tan cerca de la muerte, que casi podía oler su aroma fúnebre. Me tardé cuatro meses en recuperar fuerzas y volver a la escuela; un semestre fue el que perdí pero la vida seguía. Hay tantas veces que me pregunto por qué el ser humano reacciona ante la vida cuando ya está en el fondo, a veces cuando ya es demasiado tarde. Hasta ese momento creo que lo único que había hecho era quejarme de la vida, pero hay cosas que te tocan el alma y que te hacen cambiar tu percepción de la vida, como conocer a la gente que padece la misma enfermedad que yo, personas iguales a mí, con otro nombre, otra historia que contar, como aquellos niños sentados con gran pesadez ante la vida, pero con una mirada inmensamente inocente al preguntarse por qué ellos tenían al igual que yo, una niñez quebrantada por la inmundicia de la perversión y la lujuria, o como aquellas mujeres amas de casa que su único pecado fue ser fieles. Sin duda ese tipo de experiencias me hicieron ver que no era el único que sufría y que si ellos habían logrado vencer la adversidad, a pesar del amargo pasado que había detrás de ellos, me hicieron pensar que no estaba todo perdido en mi vida y que quizá con un poco de suerte volvería a encontrarme a mí mismo, qué más da lo que fue frente a lo que vendrá.
La vida comenzaba a tomar sentido…forma, y yo seguía caminando, pero ya no como una sombra sino como alguien que a pesar de las heridas expuestas sigue en pie; me di cuenta de que con quien de verdad debía enfrentarme era conmigo mismo hasta que lograra recuperar un poco de esa dignidad perdida que me recordaba el constante e incesante peso de aquélla cruz que decidí cargar. Y así lo hice, me enfrenté a una lucha, todavía no ganada, pero siendo justos, cada día que pasa libro una nueva batalla. Hay algunas que perderé, pero sé que al final ganaré la guerra. Sin duda la vida es una lucha constante con uno mismo.
Comenzaba a retomar aquéllas cosas que pensé que ya no podría hacer jamás: mi escuela, amigos, trabajo, etc., mi vida; siempre tuve todo para ser feliz aunque siempre estuvo eclipsada por un dolor que pensé, hasta ese momento, era más fuerte que yo. Pero cuando todo parecía marchar viento en popa, nubes negras opacaron mi cielo azul, una nueva fuerza entró a mi vida arrasando sin piedad con los pocos sueños que habían sobrevivido al naufragio de mis pesadillas. Fue así como un 4 de octubre del mismo año, me diagnosticaron cáncer. Pareciera como si la vida se hubiera ensañado conmigo, era como si el sol huyera de mí para no ver mi dolor. Por eso es que quiero tomarme unos instantes, para recordarle a todo aquel que como yo, hablo sin pensar en aquellos momentos en los que no vio luz en la oscuridad y que pensó que todo sería tan fácil como morir, yo le diría: ten cuidado con lo que deseas, si algo he aprendido en mi corto viaje por este mundo es que la vida cumple con lo que le pidas, pero generalmente no como tú lo esperas.
Sarcoma de Kaposi es la enfermedad a la cual me enfrentaba y me enfrento hoy en día, ya que la maldita es fuerte, aunque sé que no más fuerte que yo. Es un tumor cancerígeno alojado generalmente en los pulmones, mi falta de respiración en las últimas semanas era notoria, mi estado anémico delataba mi mala salud, pero esta vez, a pesar de esta nueva fuerza extraña que me consumía a cada segundo de mi vida, mis ganas de vivir no habían mermado del todo. Un 29 de octubre del 2008 ingresé al INCAN (Instituto Nacional de Cancerología), donde esperaban los doctores que respondiera al tratamiento de quimioterapias al cual fui sometido. Grata fue mi sorpresa, ya que jamás creí sentirme tan en paz conmigo mismo y con los demás en ese lugar. Ahí es donde llegas a conocer la vida misma, aquélla de la cual el ser humano se ha olvidado. Conozco a tanta gente que ha dejado de vivir aunque realice las mismas actividades de siempre, lo hacen todo tan automatizado que no se detienen a pensar en el milagro de la vida, sin comprender el momento mágico que cada día trae consigo. De este tema y de muchos más son de los que platicaba con personas que al igual que yo tenían cáncer y que a pesar de la adversidad siempre tenían una frase de aliento a todo aquel que agachara la cabeza y se quisiera dejar vencer. Salí del hospital un 2 de diciembre. Fue este el día que volví a ver la luz de la esperanza. Pienso que las personas como yo que hemos sufrido heridas en el tiempo y seguimos en pie, las pocas veces que sale para nosotros el sol, nos llena y nos calienta más el alma que a aquellos que lo ven brillar a diario y no dan gracias por el milagro que tienen ante sus ojos.
Enraizándome a la vida, sembrando sueños y cosechando esperanzas es como ahora voy por la vida, pensando en todo lo que tuve que recorrer y lo que me queda por hacer. Hay verdades que se tienen que decir, que se deben de decir para no ser maquilladas por los prejuicios y las indiferencias de la sociedad ante la miseria que tienen frente a sus ojos, y prefieren callar a sus adentros una verdad absoluta. Mi trabajo no es augurar un buen fututo para aquellos que como yo han caído; dicen que la única esperanza del caído es no esperar esperanza alguna; nuestro camino es incierto, lo único cierto en él es saber que contamos con nosotros mismos y con los que nos aman y así extender alas de gigante y emprender el vuelo hacia la libertad.
¿Cruzarías la frontera del país?
Danona
Primer Lugar ESRU Opina 2008
Aunque soy muy joven y algunos crean que no estoy muy al tanto de esta situación, se equivocan. No crean que los adolescentes sólo estamos al tiro de la música, de nuestro aspecto o del qué dirán.
Lamento informarles que también nos preocupa nuestro país, nuestro futuro, nuestra gente. ¿Qué si cruzaría la frontera del país?... aún no lo sé, sólo sé que la falta de empleo y dinero nos está llevando al hoyo.
Qué solo con decir que aquí “no pasa nada” y que “échale ganas para que seas alguien de provecho”, son sólo palabras y más palabras que el viento se lleva, que aunque te esmeres en lo que haces y trates de ser el mejor estudiante, todo tu esfuerzo se vaya por la borda; aunque no en todos los casos pasa esto: unos por suerte y otros porque se pudren en dinero ¿o no? Creen que es justo que un hombre especializado en medicina esté de taxista, o una mujer que estudió para abogada esté de demostradora en un centro comercial o peor, desempleada (o), pero esto no es falta de empleo, es falta de “huevos” de no querer admitir a gente brillante, trabajadora y capaz de hacer las cosas. Qué fácil para toda esa bola de malditos admitir a gente con dinero, o peor tantito a los niños (as) bonitos para que les “aflojen” las nalgas. Para tener una buena presentación en la empresa no admiten a gente que no tenga las medidas perfectas, cuando el puesto es nada más para recepcionista y no de modelo, hasta parece chiste, pero es la discriminación que ha sufrido mucha gente y ni hablar de los que ya pasaron de los 30 años, ahora resulta que ellos ya no son capaces de hacer el trabajo como uno de 20, y todavía se atreven a preguntar ¿por qué se van de “mojados”? ¿Por qué dejan a sus familias desamparadas?
Siento una gran impotencia al ver que toda clase de mierda está en puestos importantes, cuando gente preparada está rascándole duro para llevarle el pan a su gente y cuando esto no alcanza para sostenerse, deciden arriesgar su vida por el anhelado “sueño americano”, para que su familia ya no pase hambre ni carencias y todo para qué; para que los llamados “polleros” los dejen a medio camino, ah, pero eso sí, que les den “baje” con su dinero que a duras penas lo juntaron, o que la migra te agarre a medio camino y aparte de todo les suelten unos buenos trancazos y si logran pasar que los putos “gringos”, los traten como animales, que los humillen y exploten. Y todavía quieren que les beses los pies y los veneres como “amados y honorables señores”, cuando debería ser al revés pues sin gente trabajadora y chingona como nosotros, sus famosos cultivos de algodón se irían al carajo. Pero lo bueno es que este país está progresando, imagínense que no ¿eh?, ¿este es el país que nos dejan a todos los jóvenes?, ¿este va a seguir siendo el futuro de México?, ¿el desempleo va a seguir cobrando vidas de personas que desean salir adelante?
Híjole, pasa cada cosa, que basta con ver un día a López Dóriga o a Javier Alatorre para darse cuenta de las cosas por las que pasan nuestros paisanos, simplemente si se suscita algún homicidio o asalto y en este se encuentran involucrados un gringo y un mexicano. Ni pensarlo dos veces, el mexicano tiene todas las de perder, o les dan cadena perpetua o de plano los condenan a muerte aunque intervenga la justicia mexicana y el Vaticano pida clemencia.
Ah, pero no fuera al contrario. Aquí en nuestro país, sí pueden venir los famosos “spring breakers” con el pretexto de que ellos traen dólares tienen todo el derecho de hacer y deshacer, cometer abusos de todo tipo y hasta los pasan en cadena nacional para que los veamos como héroes y todavía el mundo trata de imitarlos.
Ojalá y realmente se hiciera realidad el famoso argumento del cineasta Alfonso Arau en “Un día sin mexicanos”, pero no nada más sin mexicanos, debería ser “un día sin latinos”, porque gracias a toda la fuerza latina que vive y trabaja en ese país del norte y que está compuesta en su mayoría por gente joven, con energía y que realiza su trabajo con calidad y productividad, es por eso que ese país ha logrado colocarse como la primera potencia económica a nivel mundial.
Sería lo ideal que todo ese dinero que el gobierno de Estados Unidos piensa invertir en la dichosa instalación de cámaras a lo largo de la frontera, se utilizara para fines que realmente beneficien al mundo. A mí en lo personal me gustaría que se invirtiera en la investigación y cura de enfermedades como el cáncer o el sida. Pero bueno eso ni al caso, creo que nadie me lo preguntó.
Bueno, si hablamos de discriminación, no hay que ir tan lejos. Aquí mismo en nuestro México se da en su máxima expresión, pues simplemente a los chilangos no nos aceptan en la mayor parte de los estados. Alguna vez oí que en Tijuana pintan en las bardas “quieres hacerle un favor a tu patria, ¡mata un chilango!”. Esas sí son fregaderas, por eso nuestro país no progresa, porque nosotros mismos nos ponemos fronteras, entramos en falsas rivalidades y no podemos ver que el vecino progrese porque ya le estamos tirando mala onda.
Si esto va a seguir, tendré que decir sí a la pregunta ¿Qué si cruzaría la frontera del país?, pero primero tendría que aprender a nadar para cruzar el río, practicar a guardar aire para cuando me oculten en un camión, juntar todos mis “domingos” para que un “pollero” me haga la caridad de pasarme y que se tiente el corazón de no abandonarme y dejarme en medio de la nada y desde ahorita hacer mis reservas de agua para no deshidratarme en el camino, irme bien peinadita por si salgo en el internet vigilada por las cámaras de video que hasta donde yo sé, instalarán a lo largo del río grande y ya de paso, aprovechar para saludar a toda mi “prole”, ¡ah! Y a practicar el salto con garrocha para que sin problema alguno logre pasar su estúpido “muro de la vergüenza”, que es sin duda un claro ejemplo de lo que es la violación de los derechos humanos. No se crean, no es muy tentador y llamativo, pero como van las cosas en mi país, tendré que prepararme. Pero desde mi punto de vista, ni su muro ni otro tipo de límites darán una solución al problema migratorio.
O qué tal si junto una buena lana y tramito la dichosa visa, aunque eso tardaría años y felices días porque hay que juntar hasta para la llamada y qué tal, luego, pagar la famosa entrevista y suéltale un choro al entrevistador y presenta casi, casi, tu “pedigree” para ver si consigues que te acepten de visitante en el dichoso país del norte.
¿Pero si llego derechito con todo y papeles? Para empezar tengo que aprender inglés porque de otra manera no me puedo dar a entender, bueno al menos de hambre no me voy a morir porque si algo abunda son los hot dogs y hamburguesas, ¡gran contribución gastronómica ¿eh?! Además ya estando ahí, de perdis me voy a Disneylandia y me tomo una foto con Mickey Mouse y Minnie.
Aunque hay algo bueno que me gustaría mencionar y es que gracias a la gran cantidad de migrantes en Estados Unidos, nuestro país fortalece su economía, ya que no podemos olvidar que el dinero que nuestros paisanos ganan, gran parte lo envían a sus familias y eso sirve para el sustento de las mismas.
Y pensándolo bien, esa no es la única frontera que se puede atravesar, aunque sí la más famosa, al menos para los mexicanos, pero vámonos para el otro lado, si cruzo la frontera de Guatemala, esa es la más fácil, todos nos parecemos, hasta hablamos el mismo idioma, pero y ahí como que a qué voy, todos sabemos que los pobres guatemaltecos están peor que nosotros, ya ven que hasta ellos prefieren pasarse para acá, porque ya estando en territorio mexicano, el paso para Estados Unidos es mucho más fácil, pero bueno, esto no sólo lo hacen los guatemaltecos, realmente es el paso para miles de centroamericanos que aspiran a una mejor calidad de vida.
Pero si fuera un “México con empleo y sin carencias”, uff, de la que me salvaría, de taruga cruzaría el “charco”.
Qué daría por toda la gente que sufre o muere intentándolo, sé que es sólo un “sueño guajiro” y bien dicen que los sueños son sólo eso, sueños y nada más.
Como dicen los políticos, una gran solución sería que los gobiernos de México y Estados Unidos buscaran mecanismos reales que aseguren el cruce de mexicanos de forma legal y respetando los derechos que todo ser humano debe tener (perdón es sólo un sueño, ya lo olvidaba).
Aunque aquí no todo es malo. Nosotros los mexicanos somos un país afortunado, porque a diferencia de otros, nosotros sí tenemos una cultura propia, tenemos raíces, tenemos historia; contamos con desiertos, mares, montañas, ríos, lagos, etc. Podemos disfrutar de todo tipo de climas, una extensa flora y fauna, una rica y variada gastronomía y muchas, pero muchas cosas más.
Vamos a sumarle más cosas buenas a nuestro país: que hay trabajo para quien sabe buscarlo, tenemos educación libre y gratuita para quien realmente desea estudiar y no olvidemos que la Universidad Nacional Autónoma de México está considerada como una de las mejores de toda América Latina, capaz de competir a nivel mundial.
Además tenemos libertad de culto y por qué no, de repente también la libertad de expresión, digo, en ciertos temas y la mayoría son temas morbosos ¿no?, pues le dan más importancia a la “madrina” que le dieron a “Fabiruchis”, que si las nalgas de Latin Lover son operadas o que si a Niurka le llenan el famoso “tanque”, ay no, me cae que están para llorar. A ver, qué harían si un día les dijeran… Una niña linda y simpática de 16 años (o sea yo, pero modesta aparte de todo) va a cruzar la frontera sola y con miedo a morir, obviamente no arriesgarían su vida por la mía ¿verdad que no?, pero qué tal si fuera… Thalía o Gabriel Soto, ahí sí se apuntan o lo peor del caso es que le dan el beneficio de la duda ¿o miento? Eso es lo que pasa con nosotros. Que no queremos ver hacia abajo y lo que pasa a nuestro alrededor, creyendo todas las mentiras que nos dicen, que “nuestro país va para adelante”, y ¿cómo va para adelante, si nosotros nos hemos quedado estancados en lo mismo? Sin embargo insisto en preguntar ¿a qué le tenemos miedo?, ¿a progresar?, ¿a ser mejores cada día? Necesito respuestas, para saber el por qué dejar que México se vaya hundiendo poco a poco, ¿va a seguir siendo el prospecto de vida que quieren para todos nosotros?, ¿esto va a ser el futuro de México? Entonces desde ahorita tendremos que resignarnos a que si no tenemos suerte, arriesgaremos la vida para intentar cruzar la frontera del país a pesar de tener sueños y metas sin cumplir.
A pesar de esto, yo no pierdo la esperanza de que algún día no muy lejano haya más oportunidades, trabajos bien pagados, democracia, honestidad, respeto y por favor NO MÁS DISCRIMINACIÓN, a toda esa gente que no llega a un estatus económico alto, que no es físicamente atractivo o que tiene capacidades diferentes.
Pero en lo que llega a suceder esto, yo seguiré estudiando, superándome en todos los aspectos; enriqueciéndome de conocimientos, ayudar a los que me necesiten y aportar un granito de arena a mi país y, una última cosa, quiero agradecer el espacio que nos dan para opinar a nosotros los jóvenes de lo que pensamos y sentimos. ¡HASTA PRONTO!
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La magia de América Latina
Quetzal
Primer Lugar ESRU Opina 2007
I
Hoy me he descubierto, he penetrado como cita Benedetti: “las sábanas de alegre angustia”. Esas que nos alejan del ser y del no ser, y que a su vez nos magnifican en un instante mágico, y algunas otras veces, también aterrador.
Yo no soy la niña adolescente de la cual mamá siempre se sintió orgullosa. Hoy me he rebelado y en mi rebeldía he descubierto ese mundo mágico e indeleble que guarda el silencio de un pasado añejo y casi perdido.
Me he descubierto y al descubrirme he descubierto cada parte de mí, como si el tiempo me hablara de lo que soy y de lo que no, como si reclamara de mí algo que no estaba segura de tener, pero que sabía que podía estar ahí escondido en algún lugar de mi universo espiritual, hasta darme cuenta que lo que en realidad buscaba, eran mis raíces. Esas que son más profundas que las de un árbol y más resistentes que alguna ideología, esas que me hablan del tiempo, como si el tiempo hubiese nacido ayer.
Del tiempo, todo: una poesía, un cuento, un sentimiento, un recuerdo oxidado.
Eso, lo abstracto, ahí donde se fecunda la inspiración conocedora de talentos y de virtudes, ahí donde Frida y Diego, donde Pablo Neruda y Gabriela Mistral encontraron el por qué de sus sueños e ilusiones, el por qué del Náhuatl y el Quechua.
Eso, lo mágico: la salsa cubana, el tango argentino, la mirada penetrante del poeta chileno y el escritor colombiano, el mariachi en la plaza, el vendedor de mercado.
Eso, lo terrible: la pobreza en las sierras, las culturas perdidas, los ¿por qué? sin respuesta, las palabras sin vida.
Me he descubierto en este mundo extraño y maravilloso de palabras con fuerza y paisajes de cuentos. Este, el nuevo mundo de los Mayas y los Aztecas, este mundo que renace fundido entre la cultura mexica y la cultura europea.
A mis diecisiete años me han encontrado el tiempo y el ocaso bendito de mi cultura, esta que no ha de ser otra más que la de sangre latinoamericana, esta sangre que hierve en el pecho y escribe en alma, esta sangre que descubre en su tierra el cultivo de historia y también la reclama.
Camino y medito, sueño y reclamo. Siempre creí que el camino era un sendero sin final, uno al cual no había que enfrentársele, porque este ya estaba conquistado. Creía en los pueblos remotos de aquellos libros escritos por aventureros que posiblemente habían entregado su vida y sus almas en la búsqueda de aquéllas fronteras imposibles, de aquellos mundos desconocidos llenos de oro y otros tesoros.
Con el tiempo te das cuenta que esa frontera no existe, que ese tesoro es más que un tributo de oro y un rasgo en la piel, te das cuenta que no fue Colón quien descubrió América y que los mayas cobijaron mucho antes esta tierra dorada. Con el tiempo uno aprende que el silencio que guarda esta tierra es de luto y que en sus campos se cosecha también el trigo y el arroz.
Hoy me he despertado. De ese sueño profundo en el que me mantenía al fin ha muerto. Sólo el suspiro melancólico de esta tierra lo reclama y lo exime, como si lo amara apasionadamente a pesar de su olvido. Es esta la tierra vieja donde se cosecha la historia de mi pueblo y que pese a su dolor, mantiene viva la fuerza del ser y del crear.
Esta tierra que es fuerza y fantasía, esta tierra que funde la magia con la cultura y procrea la vida en una mínima esperanza. Esta tierra que el tiempo ha sabido guardar, que los escritores han sabido escuchar y los pintores han sabido entender. Esta tierra que es la madre y de ella, nosotros sus hijos. Estos, los hijos de bronce, los revolucionarios que hemos de ser la semilla que le dé luz al opaco sentir de mi madre Latinoamérica, la india de la que siempre me sentiré orgullosa y que nunca he de olvidar, porque de ella conservo mis sueños y mi fe, mi amor a su literatura, a sus artes y mis ganas de ser. Ese ser que Vasconselos apenas pudo descubrir y que Octavio Paz siempre disfrazó en un poema.
He revisado minuciosamente cada parte de mí, buscando el yo que me hable de ella, descifrando el por qué de mis ojos café y mi piel casi morena; he revisado cada parte de mí, como si fuese yo el libro donde se escribiese la historia, entendiendo mi belleza como un pintor entiende su obra. Tal vez, no sé, fuese Botero quien pintara mis pantorrillas y Siqueiros mi memoria, es que mi alma está aquí, en América Latina; esa mujer que cobija la inspiración de poetas y pintores, de artesanos, de revolucionarios y escritores; esta, la mujer del cuerpo perfecto, la de ojos de selva y labios de río; esta la artesana que crea praderas, esculpe montañas y reinventa fronteras.
He revisado cada parte de mí, escuchando en mi corazón el fuerte rugido del jaguar y el canto romántico del cenzontle; escribiendo sobre mis manos con la tinta del poeta uruguayo, soñando con despertar de pronto en Río de Janeiro para bailar, y bailar al son de la samba; he imaginado en mi cuarto limpio de fantasías, el amanecer en la gran montaña inca, rodeada de vestigios artesanales y costumbres distantes a las mías, me he imaginado sentada en los cafetales colombianos, en las playas mexicanas y en los sueños de algún poeta vagabundo. Me he imaginado en tantos y tantos lugares de esta mi tierra latinoamericana, que podría decir sin temor a dudar, que la siento en mi cuerpo fundida y junto con ella fundida también su soledad. Esta, la soledad de Octavio Paz, la soledad concebida como un germen producto del ser mismo a la que él simplemente llamó: “El hecho más profundo de la condición humana”.
Miles han sido ya los que azorados han contemplado el crecer cotidiano de la tierra nueva, ésta que ha de ser la joven más joven entre todas aquellas quimeras que el mundo viejo jamás vio nacer, este sueño tan real que deslumbró al mismo Magallanes y que fuera el fruto del hambre perversa de la soledad, esa soledad romántica y brutal de la que el hombre latinoamericano fuera dueño absoluto, este sueño del cual hoy yo me he despertado y en el cual también he descubierto, este sueño que fue de Márquez y Neruda y de muchos otros, que como a mí, el tiempo también los reclamara para cobijarse con su poesía y entender que en esta América Latina, el que no sueña, no existe.
II
Recuerdo una mañana de escuela, mientras el profesor de filosofía daba su clase, pidió a uno de mis compañeros que leyera uno de los párrafos que un día antes dejara de tarea; él se levantó y leyó lo que fuera para mí, y tal vez para muchos en esa clase, el comienzo fortuito de un despertar clandestino, que permaneciera ahí hasta ser descubierto. Él leyó:
“Me siento patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y en el momento en el que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie”.
En el transcurso de la clase supe que quien había escrito tan inspirador pensamiento, había sido muerto con la pasión de sus ideales en las manos y que otros como él, también los llevaban consigo.
Que no se trataba solamente de una imagen estampada en un concierto masivo o en una protesta en alguna pancarta estudiantil, el “Ché” Guevara era eso y mucho más, era el hombre latinoamericano que había de entregar la vida por esta su tierra, olvidándose primero de él mismo, pero recordando siempre que detrás de él, muchos habían muerto ya.
Poco entiendo de revoluciones, pues la única que yo he vivido ha sido la que me ha heredado la poesía, la música y el dolor ajeno de la represión, tal vez por eso es que entiendo a esta América Latina cuando se rebela, cuando dentro de ella se despierta aquel guerrero escondido que alguna vez fue dueño de todo y de todos, ese guerrero que sostiene en las manos el dolor que las espinas de los dictadores han dejado, tal vez por eso es que entiendo a Fidel Castro y admiro a Francisco Villa, tal vez por eso leo a Gabriel García Márquez y sueño con las letras de Juan Rulfo.
En la noche del 11 al 12 de octubre de 1542, el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: “¡Tierra!”.
Esa noche, los dos mundos (el viejo y el nuevo) habrían de abrazarse en un instante y para toda la eternidad. Este fue apenas el comienzo de la gran historia, aún más grande y más apasionante que alguna otra que escribiera Homero, más dramática y romántica que alguna otra que escribiera William Shakespeare. Ésta en definitiva sería la más grande historia contada por el hombre; esa historia, la de los hombres rodeados de oro y montañas de piedra, la de los ríos inmensos que atraviesan la jungla con el canto de aves majestuosas y animales increíbles, la de los hombres con lanzas y espaldas de pluma. Ahora se empezaría a contar por el mundo entero, el día que el hombre rubio se encontró con el dios Azteca, el día que el Náhuatl empezó a ser español y que en el rostro del poeta caribeño se empezara a escribir también el rostro de América Latina.
Alguna vez un escritor cubano de nombre Alejo Carpentier escribió: “Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados”. Este es mi mundo, el mundo de América Latina, éste donde yo no decidí nacer pero del cual me siento muy orgullosa, este donde se escucha la mañana en los jardines de primavera, y se puede remar al fin del mundo en algún lugar de la Patagonia.
A mis diecisiete años me gustaría desentrañar el atardecer inmenso del monte chiapaneco, probar cacao, cruzar el Suchiate y emprender la búsqueda del tesoro perdido. A mis diecisiete años me gustaría enamorarme en alguna playa escondida, enamorarme del suelo de esta tierra y del esplendor de su luna.
A mis diecisiete años he comprendido que soy más morena del alma y que mi color es el linaje de los reyes aztecas, he también aprendido a amar a esta tierra donde se cuece la sangre de los poetas y donde brilla la gente con sus cultura, aprendí sobre todo que Brasil no está muy lejos de Cuba y que la distancia no es más que un simple pretexto.
Somos latinoamericanos, no por el hecho de sabernos aquí, sino porque es aquí donde se encuentra el enterrado yo, ese yo profundo que es poesía y Caribe, ese yo que nos lleva de la mano a imaginarnos en tierras distantes en algún lugar de Sudamérica, ese yo que el novelista español intentó seducir, ese yo que no entiende de capitalismo o de socialismo, ese yo que escribe Cien años de soledad, ese yo Botero, ese yo Fidel Castro, ese yo Octavio Paz, ese yo que es más profundo que un poema de Benedetti, ese yo que en este gran rincón del planeta, este mundo mágico donde he conocido a mis mejores amigos, donde han crecido mis padres y muerto mis ancestros, ese mundo donde el yo ha conspirado con el saber que se hace cada día más añejo y que caracteriza al enorme latinoamericano en el mundo viejo y el mundo joven.
Hamlet se cuestionó “¿ser o no ser?”. Estoy más que segura que ser es para mí creer, bailar, soñar, sentir, en un pequeño gran rincón el planeta llamado Latinoamérica, donde las fronteras culturales no existen y el tiempo ha de reclamar a sus poetas y pintores; donde el no ser es el negarse un café por la mañana, un libro por la tarde y un sueño que dure toda la vida. ¿Ser o no ser? La pregunta del día, tal vez del año, incluso también de toda la vida; ese cuestionamiento que nos lleva a filosofar sobre nuestra existencia en este lugar, “el paraíso”, y adentrarnos a lo profundo de los recuerdos bíblicos de la infancia, donde Adán y Eva convivieron en un lugar como este, y que como nosotros, cometieron el mismo pecado, comer de ese árbol prohibido al cual yo me atrevería a llamar política. Pero claro, a diferencia de Adán o Eva, nosotros no fuimos expulsados de este hermoso y también glorioso paraíso, nuestro castigo es aún más complejo que ese, y ese castigo es sin lugar a dudas, las dictaduras, la pobreza, los sueños de aquellos que también se rompen pero no dejan de existir, esos sueños que no piensan y que nos llevan a entender que Descartes pudo también estar equivocado (“pienso, luego existo”).
III
Alguna vez cuando era niña, mi papá me contó la historia más increíble que jamás había escuchado, una historia aún más conmovedora que alguna otra que algún escritor inglés o español hayan escrito jamás. Él me contó la historia de mi pueblo, este que me hace escribir sin detenerme, este que me conmueve y me abraza en un instante de locura intelectual, al cual tal vez, todos estemos condenados a vivir en este pequeño gran rincón del universo.
De América Latina, todo: sus poemas, sus pinturas, el sueño y la melancolía que han de desbordar la fantasía de su gente, de sus praderas y sus montañas, del inmenso mar que la rodea y donde también se pesca la magia.
Esa, la magia de Borges y Neruda, la magia de aquellos muchos que no se ven pero existen, aquellos nosotros los latinoamericanos, los hijos de bronce y de barro, los chilenos, argentinos y mexicanos, aquellos tantos de la Habana, aquellos, todos de esta tierra; la de América Latina.
Escritores, estudiantes y muchos otros que somos y formamos parte de América Latina nos hemos descubierto, y el hecho más profundo de descubrirse reside en el quién somos y hacia dónde nos dirigimos.
Este es nuestro hogar y nuestro tiempo, el tiempo de la reflexión y el entendimiento, el tiempo del mundo nuevo que ya se está envejeciendo y que su vejez está cubierta con el más grande tesoro que hoy resguarda nuestra educación. Sembremos ahora más que nunca el coraje, el amor y el respeto en esta tierra, ésta que algún día habrá de reclamar a nuestros hijos como lo hace con nosotros. Cuidemos nuestros mares, escuchemos nuestros ríos, amemos nuestras letras, enraicemos en cada rincón de esta tierra nuestra libertad, porque ahí es también donde reside la magia de América Latina, nuestra América Latina.
“Porque ninguna lágrima rescata nunca
el mundo que se pierde
ni el sueño que se desvanece”.
Juana de Ibarbourou.
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